Todo empezó una noche de las tantas que me encontraba en la Residencia de estudiantes durmiendo, cuando me despertó un compañero para irnos a las fiestas de su pueblo. Dicho esto, nos pusimos en marcha. Una vez allí nos fuimos a cenar a un «Casal Fallero». Después de cenar y haber bebido lo nuestro, Paco, que es como así se llama mi amigo, me dijo que nos fuéramos donde se encontraba todo el ambiente, para divertirnos un rato.
De pronto, me di cuenta de que mi amigo miraba descaradamente a una chica que se hallaba cerca de nosotros. Por lo que yo, acercándome a su lado, le pregunté al oído con disimulo quién era. Y él me contestó que una amiga suya.
Así quedó todo hasta que acabó la fiesta; pero cuando nos dirigíamos hacia la moto nos encontramos con ella y una compañera.
Entonces la cogí del brazo y quise saber su nombre. Muy picarescamente me dijo que Carmen. Ya en plan cachondo le pregunté dónde íbamos aquella noche. Me respondió que era imposible porque tenía toda la familia en casa. Quedamos en que la llamaría al día siguiente por teléfono.
Esto lo cumplí al pie de la letra. Así pude recogerla a la salida del trabajo. Subimos en la moto y, durante el trayecto, le dije que era de Pamplona, lo cual resultaba una mentira. Le insinué que no conocía la ciudad, por lo que le pedí que me llevase a algún sitio para divertirnos y tomar alguna copa.
Carmen me respondió que en aquel momento no se acordaba de ningún lugar. Yo insistí y ella me respondió lo mismo. Entonces le propuse que, si quería, podíamos ir a mi piso. Ella se extrañó y preguntó para qué. Le contesté que para oír música.
Una vez en el piso, puse música y empezamos a bailar de una manera poco común. Ella se abrazaba fuertemente, y con una de sus manos empezó a acariciar mi espalda. Un poco confuso, por lo que me estaba sucediendo, no supe qué hacer.
Tomé la decisión en un momento. Me puse en mi lugar; y empecé a besarla y a acariciar sus tetas. Ella para no ser menos bajó una de sus manos hasta mi bragueta, buscándome el cipote, que estaba ya muy crecido.
Lo sacó del calzoncillo y, agachándose, se lo llevó a la boca con tal arte que creí que me moría del gusto.
Acto seguido, volviendo mi mente al momento, empecé a desnudarla. Ella hizo lo mismo conmigo hasta caer en la cama, los dos enloquecidos. Siguió lamiéndome el cipote y los testículos. Con su espalda apoyada en la cama, abriéndose de piernas, me llevó la cabeza a su chumino, que empezaba a humedecerse.
Me dediqué a lamerle el clítoris; mientras, se estremecía de placer dando gemidos y pequeños gritos diciéndome que la penetrara. Continué el juego y, al cabo de unos minutos, la penetré. Llegamos casi al instante al orgasmo. Esto fue consecuencia de nuestra excitación.
De pronto, sonó el timbre y yo, acojonado, me levanté de un salto y me puse los pantalones. Salí a ver quién era por medio de la mirilla de la puerta. Mi sorpresa fue mayor al comprobar que era mi amigo Paco, el cual tenía a su lado a la compañera de Carmen. Los dos venían a buscarnos.
No parecían tan animados como nosotros. Durante unos minutos pensé en decirles algo para que se largaran; sin embargo, teniendo en cuenta la amistad que me unía a Paco, me convencí de que la «fiesta» se animaría con ellos.
Les dije que pasaran y nos contamos algunas cosas. Acto seguido nos fuimos al salón. Paco me preguntó si tenía algún sitio para pasar el rato. Les indiqué dónde se podían meter.
Luego me fui a buscar a Carmen, la cual se hallaba en la cama, sin moverse y muy excitada. Por cierto, yo me di cuenta de esto. Empecé a acariciarle las tetas, a besárselas hasta llegar a su bajo vientre, donde tenía una hermosísima mata de pelo. Al cabo de unos instantes la penetré profundamente. En seguida los dos proferimos unos gritos de placer. Perdidos en la nebulosa del orgasmo, vimos como llegaba la otra pareja compuesta por Paco y «Rafi». Me di cuenta del hermoso cuerpo de esta última y de sus hermosas tetas.
Tras haber obtenido mi primer orgasmo, viendo las espléndidas formas de «Rafi», creía estar en un mundo extraño. ¿Tan insaciable me había vuelto?
Paco me hizo una seña muy discreta, con lo que me permitió comprender rápidamente que teníamos que hacer «cama redonda» como se suele decir vulgarmente.
Puestos manos a la obra, me levanté de la cama con deseo de poseer a «Rafi» que no podía aguantarse. Cogiéndola de la cintura, nos pusimos a bailar suavemente y muy apretados. Ella notó mi erección y miró hacia abajo sonriendo a la vez que me besaba apasionadamente. Supe que era una chavala calentona, de ésas que sólo necesitaban un empujoncito para despendolarse.
Fijándome en mi amigo Paco, me di cuenta de que estaba penetrando a Carmen por el ano. Y ésta gritaba suavemente del daño que le causaba. Y contemplando aquella escena, y sin poder contenerme más, empecé a lamerle las tetas a «Rafi».
Noté que se le endurecían. Suavemente fui bajando mi mano hacia su chumino; al mismo tiempo, se abría de piernas para que mi dedo acariciara su clítoris. Ya en un estado de máxima excitación caímos en la cama, donde se encontraban Paco y Carmen, practicando la posición del caballo.
A la vez que «Rafi» me chupaba con mucho cuidado mi erecto cipote, yo le lamí y le introduje la lengua en su blando y mojado chumino. Y así los cuatro llegamos al clímax. Quedamos tendidos en la cama durante unos minutos.
A merced de ese descanso tan placentero, que te permite ser de lo más tolerante. Mi cipote se exhibía morcillón.
Pero «Rafi», que no estaba plenamente satisfecha, cogió a Paco y se colocó encima de él. Se introdujo el cipote sentada y empezó a agitarse, de tal manera que despertó mis ganas de follar nuevamente.
Atrapé a Carmen que estaba relajada y le insinué que me hallaba muy excitado. Ella comprendió mi situación. Al momento me cogió el cipote entre sus redondas tetas. Empezó a moverlas de tal manera que me corrí tan fuerte, que mi semen llegó a su cara. Sin preámbulos nos metimos en la bañera.
Después de divertirnos durante horas acabó aquella inolvidable noche de la «cama redonda». Así estuvimos varias semanas; pero por mucho que Paco y yo hemos querido volver a disfrutar aquellos momentos, no hemos encontrado ni la sombra de unas chicas como Carmen y «Rafi». Éstas eran divertidas, aparte de cachondas, y se hallaban dispuestas a todo tipo de juegos con nosotros; y esto es difícil de encontrar con unas chavalas distintas.
Bueno, explicaré que las «soñadas» tuvieron que marcharse porque estaban en Castellón de paso. Paco las conoció y, luego, me presentó a Carmen, como ya he escrito. Nos quedamos con sus direcciones, como una compensación emocional pero nada material.
Si pudiéramos convencer a otras de lo potentes y simpáticos que somos, quizá llegáramos a repetir la aventura. De todas maneras, lo estamos intentando en nuestras salidas de la residencia donde nos encontramos, ya que deben existir estas mujeres a las que encontraremos.
No fueron un sueño que tuvimos los dos. Carmen y «Rafi» resultaban verdaderamente maravillosas y les gustaba follar en plan sano, es decir, por el placer y sin ningún tipo de problemas. Esto es verdaderamente lo que nos interesa.
Estamos en una residencia estudiantil, a punto de finalizar la carrera. Las relaciones con las chavalas no pueden ser «serias»: gozar sin «atarse y procurar obtener lo mejor por ambas partes».
Supongo que las gentes de «polvazotelefonico» me entenderéis.
Carlos – Castellón