Poseo dedos lujuriosos

No quiero que los lectores y lectoras de «polvazotelefonico» me consideren vanidoso; pero lo que voy a contar es la pura realidad…

No hay cosa que me haya llenado tanto de satisfacciones como el masaje que yo mismo aplico. ¡Qué delicia sentir mis expertas manos acariciando la piel, tocando los puntos más sensibles del cuerpo y logrando que vayan desapareciendo el dolor, el cansancio y todas las durezas musculares! Confieso que con una bella mujer resulta muy distinto…

Entonces se diría que es mi polla la que manda, la que marca las pautas, la que me compromete.

Con Julia debo reconocer que mi trabajo se complicó desde el primer momento, debido a que me pareció excesivamente hermosa. La hembra que colmaba todas mis apetencias. Guapísima, con unos pechos como grandes pomelos, un cabello largo, un cuerpo bien modelado y unas piernas…

En el momento que se echó en la camilla boca abajo, advertí que la timidez me bloqueaba. Intenté reaccionar.

Súbitamente, fue mi polla la que tomó el mando, al ponerse en erección. «Ella» guió mis dedos sobre los hombros, la espalda y la cintura de Julia como chispazos de lujuria. Me detuve.

¿No me estaba pasando? La timidez continuaba en mí; mientras, desde los genitales esa vocecilla cachonda me decía: «¡sigue, tío, que esto es pan comido». Dudé unos segundos, masajeando con mayor suavidad.

—Me gustaba más cómo lo hacías antes, Oscar —dijo Julia, como si me reprendiera—. Quizá estés cansado. Puedo volver otro día… ¿Qué decides?

—No, no… Ahora mismo cojo el tono. Es cosa de seguir una cadencia…

Proseguí con los masajes, dejándome llevar por la lujuria. Mis dedos adquirieron la magia de un timbalista, hasta provocar un chisporroteo que a ella le decidió a abandonar la camilla. Quise preguntarle qué pretendía. ¡Y su respuesta fue empezar a mamarme la polla! ¡¡Qué voracidad la suya!!

Es posible que mi masaje hubiera sido la causa de que se mostrara tan agresiva. Mi polla supo aprovecharlo, al imponerme que me sentara en una silla, con la espalda apoyada en la mesa camilla, para iniciar las embestidas.

Todo mi conjunto genital se encabritó, perdida la cadencia de un masaje normal. La seducción que me ataba a Julia se transformó en un ataque despiadado, que ella aceptó dando brinquitos. Cada vez se hicieron más hondas las penetraciones.

—Oscar, esto de ahora sí que me deja en forma, ¡porque mi marido me tiene «abandonada» por culpa de sus inversiones y los demás líos económicos! ¡Oh, qué gustazo… Lo noto más allá de la piel… No lo dejes… te mataría… Oh, oh… Cómo me pones…!

Tuve que sujetarla por la cintura para que no se desplomara, en especial al llegar un clímax que le dejó colgadita de la punta de mi glande.

—He venido a hacerme masajes pensando que así me tocaría un hombre —admitió con la mayor desvergüenza—. Lo echaba a faltar; pero al verte, me dije que acaso tuviera la suerte de conseguir algo más, ¡como esto de ahora!

Se había quedado algo floja. Me retiré de la follada suavemente, descabalgándola y, cogiéndola en volandas, la deposité sobre la mesa camilla. Sus tetas estaban brillantes por el sudor; y mi polla quiso visitarlas. Ya lo sabéis, cuando mis genitales dan una orden… mis dedos se ponen lujuriosos y empiezan a trabajar.

Soy un «simple mandado» de mi polla. Por eso la introduje entre las tetas, que Julia apretó con ganas. A la vez, me dediqué a darle masajes, sin dejar de echar todo el peso del cuerpo en el glande. Creo que le quemé la piel, con un «tatuaje» rojo y morado que se extendió hasta su valioso collar. Ella jadeó con fuerza:

—¡Oh, oooh…, qué masaje más original… Me estás dejando… como las placas de una cocina… Cómo me arde todo…, todo… Mmmmhhhh…!

Sus palabras y demás sonidos guturales extrajeron mi eyaculación, que brotó en chorros que alcanzaron su barbilla, sus mejillas y su cuello. Una sacudida y me salí de la gozosa tenaza que suponían sus tetas. Para cubrirlas con las últimas gotas de esperma. Densas chispas de lujuria. ¡La culminación del masaje más excelso que he dado en toda mi vida!

—Quiero que repitamos esta sesión muchos otros días, ¡y hasta cuando mi marido vuelva a hacerme caso, si es que en algún momento el muy cornudo vuelve a ser el de antes! ¡Has estado magnífico, Oscar! ¡Te pagaré el doble! ¡¡Fabuloso!!

No pude negarme a cobrarle, ya que vivo del masaje. De esta forma dimos pie a un jueguecito que se prolongó por espacio de varios meses. Lo mejor es que Julia nunca se mostró celosa, porque estaba convencida de que yo me lo montaba con otras clientas.

La situación empeoró cuando apareció el cornudo. El gimnasio no es demasiado grande; además, existe la putada, esto pensé a partir de aquel momento, que hay muchos espejos. Esto permite ver a los clientes y clientas, si se lo proponen, casi todo el lugar. Me las vi y deseé para complacer a Julia; y eso que la cachondona me ponía caliente, y mi polla se desbocaba.

Hasta que me acordé de las saunas. El marido de Julia no está gordo, ni mucho menos; sin embargo, le dije a ella que le recomendase la utilización de las saunas para liberarse del estrés. Y el tío picó.

Mientras le teníamos derritiéndose, yo me trajinaba a la golfona de todas las maneras. Siempre utilizando mis dedos lujuriosos, para abrir camino a la polla, esa «mandona» que me mantiene en ocasiones descontraladito.

No obstante, una tarde el marido nos pilló en medio de la fiesta. Yo le vi y me quedé helado, cuando Julia me tenía el glande atrapado con las valvas de su chumino. Tiré para salirme y, al mismo tiempo, intenté soltar una disculpa…

—Seguid, seguid, chicos — nos dijo él—. La calentona de mi mujercita tenía que buscarse un desahogo. Como yo se lo he venido negando… ¡Vamos, no os cortéis por mi presencia, que me estoy poniendo como un toro!

¡La madre que me parió!

Fue mi polla, en unión de mis dedos, la que me dio la fuerza para continuar follando; pero ya no fue lo mismo. Vaya, que empecé a pensar que no me convenía trajinarme a aquella tía en el gimnasio, cuando podíamos hacerlo en su casa, ya que contábamos con la autorización del cornudo del marido.

Es lo que hago en la actualidad; pero sólo un día a la semana. Tened en cuenta que he de cumplir con otras clientas y con mi novia. Aunque mi polla y mis dedos quieran siempre marcha, no soy de piedra…

Oscar – Barcelona