Prejuicios sexuales

prejuicios sexuales

Relato Real enviado por Anabel, Valencia

Luis y yo formamos un matrimonio actual pero hasta hace poco tiempo, padec铆amos esa grave enfermedad que se llama 鈥減rejuicios sexuales鈥.

Mi marido tiene treinta y dos a帽os y yo veintis茅is. Desde el principio de nuestra relaci贸n, se puso de manifiesto mi personalidad fogosa, ardiente, en contraposici贸n al car谩cter m谩s bien fr铆gido de 茅l. Me refiero desde un aspecto sexual, ya que a nivel social y laboral, somos bastante semejantes. Est谩bamos llenos de prejuicios sexuales.

Durante los primeros a帽os de convivencia, yo me resign茅 al cl谩sico lugar de mujer pasiva que refrena sus impulsos por el qu茅 dir谩n, si un hombre me gustaba, no se me ocurr铆a insinuarme ni demostrarle inter茅s.

Err贸neamente, pensaba yo que el amor a mi marido lo deb铆a manifestar en mi fidelidad y represi贸n de mis impulsos sexuales. Pero en cierta oportunidad, tuvimos que realizar un viaje a la capital.

Nos alojamos en la casa de unos primos m铆os que por cierto estaban m谩s avispados que nosotros. Una de las noches, nos avisaron que ten铆an invitados para cenar. Con mucha delicadeza nos comentaron que seguramente hacia medianoche, practicar铆an sexo grupal.

Nosotros pod铆amos quedarnos en la fiesta o bien montarnos alg煤n plan alternativo. La verdad es que no nos atrevimos a participar en aquella org铆a, por lo que nos fuimos a bailar y a dormir a un motel de las afueras. Hablamos de sexo y sacamos muchas conclusiones.

Las conclusiones nos llevaron a tomar decisiones y una de ellas fue vivir a pleno nuestra sexualidad, en especial la m铆a que era la que m谩s sufr铆a las limitaciones del matrimonio. Luis tuvo una actitud muy comprensiva y me dijo que 茅l mismo se ocupar铆a de conseguir un buen macho que me proporcionara el m谩ximo de satisfacci贸n. Dej茅 todo en sus manos con la seguridad de que sabr铆a hacer las cosas. Y no se equivoc贸.

Un d铆a me anunci贸 con mirada pervertida que Juan llegar铆a hacia las doce del mediod铆a.

Cuando me encontr茅 frente a frente con Juan en mi propia casa, al abrir la puerta y ver por primera vez en persona a semejante tiazo, sent铆 un gran impulso de cerrarla dej谩ndole a 茅l fuera, tras unos segundos de incertidumbre, le indiqu茅 que pasase, pero que mi esposo estaba trabajando y no llegar铆a hasta casi las tres de la tarde.

Decid铆 entonces llamar a Luis; por primera vez me encontraba sola frente a un hombre con el que hab铆a quedado para tener sexo, si llegaba el caso; y desde luego, que era como para no dudarlo.

Pero yo necesitaba la presencia de Luis, su compa帽铆a, le llam茅 y le dije que estaba con Juan, me contest贸 con la mayor naturalidad del mundo que, si me agradaba como hombre y su comportamiento y ten铆a ganas de follar con 茅l hasta que llegase, que lo hiciera, y que despu茅s nos ir铆amos a comer los tres.

Bien sabe Luis el peso que me quit贸 de encima y el respiro que me proporcion贸.

Pidi贸 hablar con Juan antes de colgar, estuvieron largo rato charlando hasta que yo pude dejar dispuesto el dormitorio, darme un buen ba帽o y perfumarme todo el cuerpo. De pronto Juan termin贸 de hablar con mi marido, en el momento en que aparezco en la sala frente a 茅l, cubierta con mi bata de terciopelo y sin llevar nada por debajo.

Pregunt茅 a mi amigo si deseaba tomar algo, y con agradable sonrisa me respondi贸 que solamente deseaba tomarme a m铆. Con sus dos manos sobre mis caderas, me oprimi贸 contra su atl茅tico cuerpo, y pude comprobar que su miembro se encontraba deseoso, durante unos segundos, as铆 de pie, frente a frente, guardamos un silencio significativo.

En la radio se dejaba escuchar, muy bajo, una melod铆a lenta que invitaba a bailar, nuestros cuerpos comenzaron a moverse al comp谩s; nuestros labios se unieron, su lengua penetr贸 profundamente en mi boca y pod铆a notarse una fuerte tensi贸n entre nosotros.

Me encontraba feliz, diferente, con ganas de 茅l; comprendi贸 que necesitaba liberarme de prejuicios sexuales y nos encaminamos al dormitorio.

La habitaci贸n estaba en penumbras, nos desnudamos. Una sensaci贸n especial recorri贸 todo mi cuerpo, jam谩s yo hab铆a contemplado cosa semejante, una polla fabulosa, descomunal, se balanceaba como un p茅ndulo con cada paso que daba por la habitaci贸n.

Me acost茅 sobre mis espaldas, deseosa de probar semejante maravilla; su lengua suavizaba los labios de mi vagina aunque ya no era necesario; mi gran hombre se incorporaba sobre m铆 y su potente verga penetraba en mi chocho, que la recibi贸 ansioso aunque con un sensacional dolor.

Mi amigo era todo un torrente de pasiones, incansable, se corr铆a una y otra vez, no s茅 cu谩ntas, sin sacar su miembro de mi co帽o, aunque m谩s de la mitad se quedaba fuera debido a su largura. Luego me confesar铆a que calzaba un veintid贸s de largo por cinco de grueso.

Mi amigo no par贸 hasta que ya no pod铆a m谩s; era fren茅tico, brioso, atl茅tico, se incorpor贸 para ir al ba帽o y volvi贸 aseado; se sent贸 en la cama y estuvimos charlando mientras yo no cesaba de acariciar su polla, que r谩pidamente volv铆a a encenderse como una mecha; me incorpor茅 para chup谩rsela, pero de un r谩pido y 谩gil movimiento me coloc贸 de espaldas a 茅l y me la introdujo sin preguntar por el ano; del dolor tan enorme que sent铆 no pude ni dec铆rselo; pero pronto se transformar铆a en un agradable dolor, mientras volv铆a a correrse una y otra vez, al tiempo que yo, mientras, me ayudaba toc谩ndome el cl铆toris.

Nos duchamos los dos juntos y nos volvimos a la cama; continuamos charlando largo rato tendidos sobre las s谩banas, desnudos; 茅l fumaba, yo pensaba en lo mucho que hab铆a gozado con semejante macho; era feliz, yo misma, sin prejuicios sexuales, sin pensar en Luis y sin dejar de quererle; era la mujer que so帽aba ser; sin miedo, decidida; disfrutando de un hombre diferente, por primera vez sin la presencia de mi esposo pero con su consentimiento; hab铆a recibido en mis entra帽as, una gran cantidad de esperma y me encontraba plenamente satisfecha.

Son贸 el tel茅fono; era Luis, que me preguntaba si est谩bamos dispuestos en una hora para irnos a comer; pero yo sab铆a que lo que deseaba saber era si se hab铆a consumado, y le dije que todo hab铆a ido estupendamente, que nuestro amigo era un tiazo formidable y que estaba enormemente bueno.

Mi esposo se mostr贸 muy contento, me pregunt贸 si a煤n est谩bamos en la cama y me dijo que lo pasara bien y que aprovechara todos los minutos.

Despu茅s de comer, mi apetito sexual se volvi贸 a poner a cien, as铆 que, al regresar del restaurante, invit茅 a irnos los tres a la cama, idea que mi amigo y mi esposo aceptaron encantados.

Una vez en casa, Juan y yo nos fuimos derechos al dormitorio, nos desnudamos y nos acostamos encima de la cama, en tanto Luis preparaba en la salita unas copas de vino.

Antes de que mi esposo llegara a entrar en la habitaci贸n, su amigo me hab铆a colocado de espaldas sobre su pecho, acercando hasta mi co帽o la punta de su enorme chisme que ya estaba dispuesto.

En ese preciso instante apareci贸 mi marido vestido solamente en slip, no pudo ocultar su asombro al contemplar tal tama帽o de pene 隆es m谩s grande que en las fotos! -exhal贸-

Me di cuenta perfectamente de que el slip de Luis estaba a punto de estallar, seg煤n mi amigo me iba penetrando me produc铆a un maravilloso dolor.

Luis sigui贸 at贸nito, sin palabras, de pie en el centro de la habitaci贸n, con sus tres copas en las manos.

Juan hab铆a llegado hasta el fondo de mis entra帽as y los dos permanecimos inm贸viles para que no me hiciera m谩s da帽o, ya que mi co帽o a煤n se encontraba un poco dolorido.

Mi marido pareci贸 leer mi pensamiento, y dejando libres sus manos se sent贸 sobre un lado de la cama y comenz贸 a obsequiarme con fuertes leng眉etazos sobre mi cl铆toris; en un instante empec茅 a notar que Juan se estaba corriendo, lo que motiv贸 que yo me corriera al mismo tiempo, en tanto que mi marido sigui贸 lamiendo como un loco, sin poder evitar lamer tambi茅n a nuestro amigo al mismo tiempo en la parte inferior de su polla.

Mi amigo y yo le pedimos que siguiera sin parar, y as铆 logramos corrernos los dos varias veces sin siquiera movernos, hasta que el bueno de Luis se retir贸 agotado dispuesto a limpiarse la lengua del esperma de su amigo, que hab铆a rebasado el interior e impregnado mi pepita y la verga de nuestro poderoso amigo.

Fue un d铆a maravilloso, porque por primera vez, de casada, sin prejuicios sexuales, me hab铆a penetrado sin la presencia de mi esposo y con su consentimiento,聽 un hombre incomparable en belleza y potencia f铆sica.

Desde aquel d铆a, soy yo, con mis propios criterios y deseos, al haberme quitado de encima una gran carga de prejuicios sexuales tontos, lo que no acept贸 mi marido fue mi idea de buscar otro contacto, al menos, de momento.

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