El mejor sustituto de mi marido
Soy una mujer de atractivo e interesante físico, y estoy casada con un hombre alto, guapo y fuerte, y que es dueño de un gran pene, que sabe manejar hasta volverme loca de placer. Por este motivo, él cree que le soy fiel: hasta pondría la mano en el fuego para convencer a cualquiera. He de reconocer que le quiero, y que me gusta mucho.
Sin embargo, cuando se ausenta de casa por motivos de trabajo, siento que me falta «algo». Al principio le echaba a él la culpa: me masturbaba o aguantaba todo lo que podía. Pero no conseguía apagar mi insatisfacción. Por esta causa, empecé a salir cuando mi marido se marchaba, y me quedaba sin poder follar. Luego, me iba a buscar a otros hombres, a los que permitía que me llevaran a la cama, para que me llenaran la chirla de leche, y me dieran ese calor que tanta falta me hacía. Pero, la mayoría, no le llegaban a mi marido a la suela del zapato. Claro que eran mejor que nada. También reconozco que algunos demostraron ser fabulosos con la picha en ristre…
Antes de conocerlos a todos ellos, nadie me hubiese podido convencer de que existiera algo mejor que joder con un macho. Pero estaba equivocada… Hará unos quince días, en otra de las frecuentes salidas de mi marido, di un paseo con una amiga.
Al caer la noche, ella me invitó a tomar una copa en su casa, donde me enseñó sus vestidos y una monísima ropa interior: preciosa y muy sexy. Luego, con la mayor naturalidad, me invitó a que me probara lo que quisiera. No dudé en hacerlo, para lo cual tuve que desnudarme. Me quedé en bragas y sostén…
Entonces, ella se acercó a mí, y me dijo que tenía un cuerpo muy bonito. Sin que me diera cuenta, empezó a acariciarme hábilmente, y terminamos en la cama… Me introdujo una de sus tetas en el coño, como si me fuera a follar, y con la punta de un pezón me acarició el clítoris. Y, nada más comprobar que mis paredes vaginales se hallaban lubricadas por la excitación, me metió el dedo entre los grandes labios, y, seguidamente, se lo chupó…
Me sentí tan excitada y cachonda que le metí, también, los dedos en su coño, y cuando los saqué sentí deseos de probarlos. Al final me atreví metérmelos en la boca, ¡y me revolqué de puro gusto! En el acto, nos frotamos mutuamente los coitos, especialmente el clítoris…
¡Fantástico! ¡Es maravilloso follar con una mujer!
Jamás había pensado en esto porque no me atraían sexualmente las mujeres. ¿Cómo iba a imaginar que me podían dar más placer que un hombre? Estaba totalmente ignorante de tanta maravilla. Y hoy la busco, cuando mi marido sale de viaje, hasta el punto de que he dejado de ir en busca de un macho, porque mis amigas se bastan y se sobran para ponerme a gusto y feliz… ¡Follar con una mujer es tan maravilloso que no existen palabras para explicarlo! Porque toda la que prueba con una experta siempre repite.
En mi caso, cuando mi marido se encuentra en casa sigo haciendo el amor con él, y me gusta. Pero lo he situado en un segundo término… Después de follar con una mujer ya no se puede pasar sin este placer, debido a que la relación con los hombres la encuentras más fría, menos erótica, inferior en sensibilidad, y mayor en brusquedad y torpeza, como si ellos no hubiesen sido creados para hacer el amor y, ¡ojo!, antes, como habéis podido leer en mi crónica, los tíos me encantaban: los encontraba muy calientes, sexys, y conseguían que me corriera… ¡Pero no es lo mismo! Y si no lo creéis, ¡probadlo! ¿Os apuesto algo a que acabáis dándome la razón?
Carmen – Malaga





























