Tres pollas sorprende a mi mujer

tres pollas

 

Mi mujer siempre ha sido buena en la cama, a la hora de fornicar solía comentar fantasías sexuales con más de una persona, hacía tiempo que notaba que cuando tocábamos este tema se calentaba mucho más, sus orgasmos parecían ser más grandes e intensos.

Un día decidí alquilar una casa de campo para pasar un fin de semana especial, ella desconocía mis planes, en ningún momento le dije que habría invitados.

Llegó el fin de semana esperado, paseamos por aquel bonito paisaje, cenamos, nos duchamos y estábamos ya preparados para pasar una noche de sexo.

La até por los pies y brazos tapando sus ojos, su cuerpo sólo estaba cubierto por un pequeño tanga negro transparente que dejaba ver su preciosa vulva recién depilada.

Empecé a besarla, despacio, como a ella le gusta, sin prisas y de repente,  llamaron a la puerta.

Me levanté corriendo sabedor de las visitas que estaban por llegar. Era Maite, uno de los contactos. La invité a entrar en la habitación para que continuara conmigo aquél festín.

Maite era una cuarentona, con las tetitas de punta, de piel suave, blanca, sus pezones de color rosita destacaban por el contraste de su piel.

La dejé sola con mi mujer, yo me hice con una silla para sentarme justo detrás, estaba viendo a mi mujer abierta de piernas siendo devorada por otra mujer a la vez que tenía delante el hermoso culo de Maite con todo su tanga dentro de él, me estaba calentando, veía cómo le comía los pechos, cómo subía y bajaba su lengua húmeda y cálida por sus pezones.

Por momentos vislumbraba lo empapada que estaba cuando le metía los dedos, se podía oír el chapurreo de un río de placer entre sus piernas.

Pero lo que me terminó de poner a mil fue ver cómo Maite se apartaba el tanga para meterse la mano, con esos labios dilatados haciéndose un enorme dedo mientras seguía con el chochito de mi mujer pegado a la cara, esa imagen era muy excitante.

Maite ajustó su culito en pompa hacia mi posición, cuando en ese instante volvió a sonar la puerta, eran Juan (el tres pollas) y Pedro.

Rápidamente entraron en el juego, estos cabrones parecía que se la habían estado meneando por el camino conocedores de lo que les esperaba al llegar. A mí no me iban a engañar, esas tallas no eran las de un pene en reposo.

Maite soltó a mi mujer para que la cogiera Juan, éste empezó a comerla de abajo arriba y a restregarle el rabo por todo el cuerpo, empezó a bajar hasta su vagina y se la metió despacio, empezó a retorcerse de gusto.

Pero realmente la sorpresa fue cuando mi mujer notó que además de una tía, había dos hombres acercándose a ella, empezaron a chuparla y yo le destapé los ojos, se quedó perpleja pero a la vez dándome las gracias por esta sorpresa tan soñada.

Mientras, Juan (más conocido por sus amigos como el “tres pollas”, podéis imaginaros por qué), la penetraba, Pedro y yo le colocábamos el rabo en la boca, uno por cada lado, le soltamos las manos para que pudiera trabajar bien y no dejara de chupar.

Maite volvió a entrar en acción metiendo su cara debajo del culo de mi mujer, así podía lamer todos los jugos que chorreaban por los huevos de Juan (tres pollas).

Me retiré para ver el espectáculo mientras que ella seguía chupando, de modo que aproveché y puse mi lengua entre las nalgas de Maite, chupaba su precioso conejo y  con la nariz le rozaba el ano.

Juan o mejor dicho, el tres pollas, parecía estar empeñado en romperle el chumino a mi mujer, quiso meterle el último apretón desde el suelo, se tumbó para que la otra, que se encontraba en estado zorruno, lo montara, ésta empezó a cabalgarle como una fiera, yo nunca la había visto así, tenía la cara desencajada y gritaba como una loca, por las paredes de la habitación retumbaba el sonido de las pelotas de Juan golpeando fuertemente las zonas bajas de mi mujer, la penetración era completa.

Por si esto era poco, Pedro polla en mano, se acercó por detrás decidido a clavar su estaca en el estrecho ano de mi mujer, todo parecía estar orquestado, era como si ya hubiesen preparado antes esta doble penetración.

Yo pensaba que esos dos trabucos no iban a entrar a la vez, pero estaba equivocado, empezó despacio y terminó empujando hasta que sus huevos pusieron el freno, mi mujer que parecía estar poseída no paraba de gemir. Poco a poco, empezaron a moverse y a coger ritmo, al fin tenía lo que quería, dos machos bien dotados, bombeándola como una zorra, podía ver reflejado en su rostro el inmenso placer que estaba recorriendo su cuerpo.

Juan, el “tres pollas” empezó a decir que se iba a correr, lo cual fue mi sorpresa escuchar a mi mujer gritar que lo hiciera dentro, que se corriera hasta la última gota, el otro, ni corto ni perezoso terminó rellenándola de lefa sin pensárselo dos veces.

Pedro y Maite que se encontraban en la cama, no querían ser menos, empezaron a hacer un sesenta y nueve, Pedro demostró lo que ya me había comentado antes de la cita, él era bien conocido por ser un experto come chochos, de hecho, presumía de que sus amantes hablaban siempre de sus habilidades con el cunilingus.

Maite no tardó en vociferar que se corría mientras que él le pedía que aguantara un poco más, pasados unos minutos entre gritos y retortijones empezaron a correrse los dos, yo no estaba dispuesto a terminar con una paja.

Me coloqué detrás de Maite y aproveché la lubricación de su corrida para meterla por aquél hermoso agujero de color sonrosado, podía tocar por delante sus tetitas mientras veía como mi polla entraba y salía de su culo, no pude aguantar ni un minuto tanta presión, la saqué para acabar en la boca de mi mujer tal y como ella me lo había pedido.

Así terminó la sorpresa, nos duchamos todos y mi mujer quedó completamente satisfecha con su regalito. El problema es que ahora está todo el día cachonda perdida con el tres pollas en la cabeza, normal.